En opinión de Miguel A. Rocha Valencia
Criminales secuestran y asesinan a familias y candidatos en todo el país

Yo Campesino / Bañado en sangre

No necesita el ganso soltar al tigre de la violencia; la impunidad de que gozan los criminales es suficiente ya que lo mismo asesinan y secuestran a candidatos y funcionarios que a familias enteras o despojan de sus bienes al “pueblo bueno” al que tienen sometido bajo el terror. Extranjeros también son víctimas.

La más reciente víctima, Guillermo Torres Rojas, presidente municipal de Churumuco, Michoacán, asesinado en la taquería “El Infierno” de Morelia, en tanto que en Nuevo León un grupo de canadienses fue despojado de cuatro camionetas; ahí mismo los hampones desaparecieron familias enteras que son buscadas en Tamaulipas.

Con ello, de acuerdo con TResearch, ya superamos los 182 asesinatos en la actual administración y los desaparecidos son más de 47 mil.

Tan solo la violencia contra políticos sumó 356 víctimas de las cuáles 100 aspiraban a caros públicos. Del total, 154 fueron asesinados con lo cual, el actual es el proceso electoral más sangriento de la historia de México en que incluso autoridades reconocen que serán el más violento. 

Por lo pronto ya son 34 los candidatos michoacanos que se bajan de la contienda y apenas inició el periodo de campañas, donde el ciclo de asesinatos a políticos e recrudeció con los aspirantes del PAN y Morena a Maravatío, Miguel Ángel Zavala Reyes y Armando Pérez Luna, ultimados el mismo con diferencia de horas. Luego de esos hechos, tres perredistas y cuatro priistas se bajaron de la contienda.

Con el secuestro de familias enteras en Sinaloa, Nuevo León y otras entidades donde como en las primeras no hay denuncias, el crimen envía el mensaje de intimidación, la amenaza que desde el púlpito de Palacio Nacional envía el mesías tropical que de manera irresponsable habla de soltar al tigre de la violencia como si este no estuviera suelto desde que inició su mandato en que un día si y el otro también, amedrenta, ofende y denigra a millares de mexicanos que por su condición de víctimas de la delincuencia reclaman justicia o al menos ser escuchados.

Esos mexicanos a los que llama politiqueros, los acusa de querer manchar la triste investidura presidencial convertida en trapo sucio por la corrupción solapada de sus hermanos, hijos, cuñadas y demás familiares, amigos y compadres.

Mexicanos que sufren la extorsión diaria de los delincuentes, el asesinato o desaparición de familiares, el cobro de piso, la sustracción de sus miserias de parte de bandas delincuenciales que actúan bajo el cobijo de la impunidad del abrazo que se les otorga desde la Presidencia de la República, hampones para quienes ya no hay límites y exigen convenios de sometimiento a políticos en ejercicio de cargos públicos o candidatos a cambio de dejarlos llegar o continuar sanos en los cargos de elección.

Connacionales que por miles huyen de sus comunidades y más de 800 mil en este sexenio intentaron cruzar la frontera sin éxito y o fueron deportados, o aquéllos 45 mil desplazados de Chiapas, Veracruz, Tabasco, Guerrero, Oaxaca, Michoacán, Sonora, Colima, Nuevo León o Tamaulipas a causa de la inseguridad. Se fueron sin avisar y abandonaron sus bienes inmuebles.

Ese es el México de hoy donde a los demandantes de medicamentos se les acusa de estar “comprados” por imaginarios enemigos de régimen o aquéllos cuyos parientes no aparecen y hasta se disfrazan con la esperanza de recibir justicia o al menos el apapacho del sumo sacerdote tabasqueño.

El clamor de las víctimas, muertos y desaparecidos se alza cada vez con mayor fuerza; la violencia no debe ser invocada y sin embargo ahí está, gravita sobre la cabeza de la chachalaca que impulsa la división de los mexicanos y que lejos de ejercer su responsabilidad de primer mandatario atiza diferencias y se alza como profeta de la confrontación entre hermanos mientras el régimen se sumerge en un caldo donde la corrupción, impunidad y valemadrismo se imponen con obras superfluas que suman cerca de billón y medio de pesos sin dar un solo beneficio a la sociedad aunque sirve de rebosadero de privilegios.

Al trenecito, AIFA y refinería se suma la superfarmacia donde se gastaron 230 mil millones, pero sin comprar un solo medicamento y sí vaciar estantes del IMSS e ISSSTE en algo que podría ser el fraude más grande no del sexenio donde ya está Segalmex y sus 20 mil millones de pesos, sino en la historia.  

Eso también es violencia, es corrupción especialmente porque se ordeñaron recursos a la salud, cultura, investigación y educación para dilapidarlos en obras que solo reflejan un culto a la personalidad de un tlatoani pasado de moda, trasnochado que juega al gatopardismo con ideas pasadas y de probado fracaso social y económico. 

Y mientras esa chachalaca de estridentes graznidos se regodea en más de 125 mil mentiras de sus mañaneras, el crimen se desata, desafía a la misma autoridad creada para combatirla y se burla de una guardia nacional que sólo sirvió para engordar a las fuerzas armadas y corretear migrantes pero que sucumbe ante la delincuencia.

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