En opinión de Gregorio Ortega Molina
La Costumbre del Poder: ¿Cuántas muertes a la cuenta de la guerra de Calderón? ¿cuántas a la pax narca?

*Para eso se creó el INAI, para que efectivamente se informe de las razones por las cuales desaparecen los desaparecidos, y se den los nombres reales que corresponden a los cadáveres encontrados en las fosas clandestinas, y los mexicanos podamos conocer de quiénes y en qué momento se coludieron con el narco, o el porqué de los jueces que en apariencia liberan a los culpables, pero realmente ordenan su libertad por las inconsistencias de las carpetas de liberación

Gregorio Ortega Molina

Quienes le diseñan su estrategia electoral al presidente mexicano, recuerdan a esos sesudos teólogos de la Edad Media, enfrascados en discusiones tan absurdas como saber cuántos ángeles caben en la cabeza de un alfiler.

     Su propósito es demostrar que las decisiones políticas de Felipe Calderón Hinojosa, con la guerra al narco iniciada en Michoacán, fue más cruenta, cruel y violenta que el empeño de seguir con el reparto de los abrazos, cuando las estadísticas nos ofrecen, ahora sí, otros datos.

     Lo que se requiere es que los gobernantes, los que proponen, promueven y administran las políticas públicas, las inserten en el cumplimiento del mandato constitucional de preservar la vida -además, con una dignidad mínima- de los mexicanos, y conscientes debemos estar de que obtener la paz social, recuperar las alamedas, las calles y todo espacio público, también requiere del uso de la fuerza legal del Estado.

     El tema es similar al elemental discernimiento de Vicente Fox Quesada, cuando afirmó que en Estados Unidos los mexicanos desempeñan trabajos que ni los negros quieren hacer. Para eso son las elecciones y los cargos públicos y de representación, para que aquellos que se consideran aptos preserven las instituciones, vigilen la observancia de la ley y sean garantía de esa paz social que hace mucho desapareció de nuestros ensueños. Tan sencillo como asumir que alguien debe encargarse del trabajo sucio, para eso existen los plomeros y los buzos del drenaje profundo. Les pagamos para descargar en ellos nuestra incapacidad de hacerlo por nuestra cuenta.

     Para eso se diseñaron sistemas de control y transparencia; ¿cómo evitar que se proceda como Alejandro Gertz Manero, que se sirvió de su poder legal y constitucional para “castigar” a la viuda de su hermano, mujer que actualmente y en definitiva descansa en paz?

     Para eso se creó el INAI, para que efectivamente se informe de las razones por las cuales desaparecen los desaparecidos, y se den los nombres reales que corresponden a los cadáveres encontrados en las fosas clandestinas, y los mexicanos podamos conocer de quiénes y en qué momento se coludieron con el narco, o el porqué de los jueces que en apariencia liberan a los culpables, pero realmente ordenan su libertad por las inconsistencias de las carpetas de liberación.

     Mejor tratemos de averiguar cuántos ángeles caben en la cabeza de un alfiler.

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Como LELO de Larrea quedo al leer que nuestro bienamado líder dispuso entregar ayuda económica de ONCE MIL pesos a los venezolanos que México expulsa de su territorio.

     De inmediato me asaltan las preguntas: ¿de cuál partida presupuestal? ¿Es, o no, una actividad diplomática de la que se requiere la aprobación del Senado?

¿Es un compromiso ideológico? ¿Rendirá cuentas a los gobernados? La conclusión es sencilla, los que contribuimos al fisco le valemos madres.     

www.gregorioortega.blog                                                @OrtegaGregorio   

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