Opinión

Milagros Guadalupanos / En opinión de Ramón Zurita Sahagún

Redacción Mx Político.- El fervor religioso y las manifestaciones de fe son algo que se mantiene inalterable en el interior de los mexicanos e incluso que sobrepasa el ámbito nacional. El 12 de diciembre es una fecha de manifestación nacional, donde no se hacen convocatorias de ninguna clase para que la gente salga a las calles, recorra cientos de kilómetros de la forma que sea y exprese su sentimiento religioso.

Nadie se arroga el llamado para asistir al centro religioso, ni mucho menos reparte tortas, lanza exhortos o amenazas. Eso si las manifestaciones religiosas superan por mucho a las que hacen aquellos que se encuentran en medio una polémica disputa por la defensa del INE o la reconstrucción del mismo organismo político.

El 12 de diciembre es una fiesta nacional que, incluso, supera a las más recordadas del calendario oficial y la Guadalupana es una de las pocas cosas por la que se mantiene respeto en una Nación cada día más confrontada.

El respeto está inalterable y la devoción con que acude la gente (aquí si por cientos de miles) es manifiesta y las fechas cercanas a su celebración se encuentra gente en las calles, en las carreteras, a pie, en bicicletas o en caravanas de vehículos, caminando, sin muestras de cansancio.

Mientras el respeto por las fuerzas armadas, por el INE o alguna otra institución de gobierno decae, el fervor religioso se mantiene o hasta crece. La realidad es que la decepción por los malos gobiernos y las pésimas administraciones en México, desde hace décadas, ocasionan que la gente busque otros métodos de consuelo.

Es tal el fervor que causa la Guadalupana que no son pocos los políticos, empresarios o simples mortales que buscan un milagro de la Morenita del Tepeyac, para continuar su ruta de vida.

Pero si personas de todos los rangos sociales acuden a la sede del templo mariano para comprometerse con algún ofrecimiento se sacrificio a cambio de ese anhelado milagro, los políticos lo buscan desde su rincón favorito de sus hogares, sin exponerse a la mirada escrutadora de los fieles devotos de la Virgen de Guadalupe.

Este doce de diciembre es el momento exacto para pedir esos favores religiosos que los políticos mexicanos se abstienen de expresar públicamente.

Todavía en pleno siglo XXI, los políticos mexicanos esconden sus signos de religiosidad. El Presidente López Obrador lo expresa de vez en cuando y solamente uno de los tantos Ejecutivos de la etapa moderna de México los mostró sin pena de ningún tipo: Vicente Fox Quesada.

Ahora es el momento preciso de que los políticos, sin importar la ideología a la que pertenezcan deben alzar su vista al cielo y pedir el milagro que esperan para el año próximo y que para muchos de ellos consiste en la nominación a un cargo de elección popular, especialmente el de la Presidencia de la República.

Claudia Sheinbaum es una de las principales “corcholatas” presidenciales, de la que se desconoce si profesa o no la fe católica, pero que confía en que su jefe policíaco, Omar García, saque sin contratiempos de ninguna clase el operativo guadalupano, mientras que ella continúa su desenfrenada ruta por todo el país, en busca del respaldo para alcanzar su propósito.

Adán Augusto López sabe que su relación con su “hermano” mayor le basta para llegar a la meta, mientras que Ricardo Monreal y Marcelo Ebrard, confían en que se produzca ese milagro guadalupano que esperan.

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Javier May ve alejarse la anhelada candidatura al gobierno de Tabasco, pues su entrega a la candidatura presidencial de Claudia Sheinbaum no es bien vista por los tabasqueños y su operación política deja mucho que desear. El director de FONATUR y su suplente en el Senado, Ovidio Peralta no pudieron concretar un buen recibimiento a la jefa de Gobierno que prefiere salir a los estados a dedicarse a cuidar la CDMX en días críticos…Ignacio Mier mostró nuevamente su inoperancia como coordinador de la mayoría morenista en la Cámara de Diputados. Las fallas del Plan B de la Reforma Electoral se le adjudican a él, como también lo fue de la frustrada Reforma Eléctrica.

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