En opinión de Alberto Montoya
Los Chuchos y AMLO mataron al PRD; Claudia quiere calmar mercados y fracasa

Día Hábil

La primera vez que voté fue en 1988 y lo hice, como miles de jóvenes, por Cuauhtémoc Cárdenas, el candidato del Frente Democrático Nacional (FDN) que renunció al Partido Revolucionario Institucional (PRI), donde formó una corriente democrática junto a Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez, cuando buscaba la candidatura presidencial y se la negaron.

Eran los tiempos en que la presunta izquierda, la oposición, enfrentaba todo el poder del Estado y que representaba los ideales y sueños de estudiantes, de jóvenes y de la clase obrera mexicanos para acabar con los abusos de La Dictadura Perfecta, como calificó Mario Vargas Llosa a los 60 años del PRI en el gobierno.

Cárdenas, el diario La Jornada y los hoy corruptos intelectuales eran la combinación perfecta y la identidad de los pensadores revolucionarios o de avanzada.

La caída del sistema que encabezó –él siempre lo ha negado- Manuel Bartlett Díaz, entonces secretario de Gobernación y presidente de la Comisión Federal Electoral, para favorecer a Carlos Salinas de Gortari, candidato del PRI, sobre Cuauhtémoc Cárdenas fue un parteaguas en el sistema democrático mexicano, porque frustró las esperanzas de los jodidos, que vieron cómo llegaron el programa asistencialista Solidaridad y el Tratado de Libre Comercio (TLC) pero no su mejoría.

El FDN, integrado por partidos y organizaciones de izquierda, principalmente el Partido Auténtico de la Revolución Mexicana (PARM), desapareció y derivó en el Partido de la Revolución Democrática (PRD).

Hoy, 35 años después, ni Cuauhtémoc Cárdenas representa los ideales de la izquierda, ni voté por la dizque izquierda, ni La Jornada tiene valor como diario o medio de comunicación, ni existe el PRD.


El clímax y la muerte

El PRD tuvo su mejor momento, sin duda, en 1997 cuando con Cárdenas ganan el gobierno del entonces Distrito Federal.

Fue el primer gran logro del sol azteca y su futuro señalaba hacia Los Pinos, la residencia presidencial que, precisamente, su padre bautizó así cuando fue jefe del Ejecutivo.

La elección sería en 2000 y Cuauhtémoc era candidato natural para su tercera postulación, luego de perder la de 1988 ante Carlos Salinas de Gortari y la de 1994 frente a Ernesto Zedillo Ponce de León.

En 2000 perdió de nuevo, ahora con Vicente Fox, pero el partido tendría excelentes momentos con Andrés Manuel López Obrador como candidato en el gobierno capitalino y, luego, como candidato presidencial en 2006 y 2012.

Tras caer en esta última anuncia su salida y comienza el éxodo hacia la organización que ideó y que generó el partido Movimiento Regeneración Nacional (Morena).

Los Chuchos o Nueva Izquierda, una de las principales tribus del PRD, encabezada por Jesús Ortega y Jesús Zambrano, se acabaron al partido.

Militantes y simpatizantes no les perdonaron haberse tirado al piso con el PRI en el famoso Pacto por México, con el PRI, a través del gobierno de Enrique Peña Nieto, y con el PAN.

Ese fue el último clavo en la tumba del PRD, que perdió su registro en la elección del pasado domingo 2 de junio, al no reunir el 3 por ciento mínimo de votación.

A esa actitud de Los Chuchos se sumó la abierta y descarada pirateo de elementos de Andrés Manuel para llevárselos a Morena.

El resultado está a la vista: Morena es el partido número 1 en México, el más fuerte, el más poderoso y al que no se ve, al menos en el corto plazo, cómo se le derrotará.


SHEINBAUM ENGAÑA

Claudia Sheinbaum Pardo, virtual presidenta electa por Morena, miente como respira.

Con su cuento de que quiere mesas de diálogo, foro abierto en el Congreso –en el que sólo trabaja actualmente la comisión permanente- para analizar la reforma al Poder Judicial, al que su jefe Andrés Manuel busca destrozar, sólo pretende engañar y ganar tiempo para acercarse a la instalación de la nueva legislatura, porque los mercados no les creen.

Después de que el tabasqueño y sus zalameros legisladores, como Ignacio Mier Velazo, dijeran que esa será la primera reforma en la que utilizarán su presunta mayoría calificada – dos tercios de los legisladores para modificar la Constitución- en caliente, en septiembre próximo y de que la bolsa mexicana de valores y el peso se derrumbaran, ahora quieren engañar.

No sirve de nada: el dólar se cotiza en 18.80 pesos, dos más que antes de la elección.

Ahí se las dejo de tarea.

Vámonos: No les creen los mercados y el súper peso ya no lo es.

alberto.montoya@diahabil.com.mx         @albermontmex

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