En opinión de Nidia Marín
Y la Frase de Rechazo a Ciertas Propuestas Constitucionales ha Sido: “¡No Pasarán!”

NIDIA MARIN

¡Qué ironía!

En el aniversario de la Constitución de 1917, el presidente de México le asestó un bofetón a la Carta Magna.

Lo hizo para hacer propuestas que van en contra del espíritu de la misma, apoyándose en los héroes para que le aprueben flagrantes arbitrariedades y salirse con la suya: permanecer en la autocracia.

Con la pretensión de continuar en el poder, sea él mismo o a través de su títere con faldas y hacerse la víctima respecto de los señalamientos periodísticos que lo vinculan con el narco, trató de borrar la tarde del lunes las pruebas al respecto, cuando fue evidente para todo México el agradecimiento público expresado varias veces por el personaje de marras a la jefa familiar del clan de narcotraficantes de Sinaloa.

De ahí los “abrazos, no balazos”, que marcarán el periodo presidencial, sin guerra declarada, de mayor sangre derramada en México.

El pueblo mexicano no se chupa el dedo e igualmente quedó claro el apoyo desde el poder presidencial a varios de los integrantes de aquella mafia de narcotraficantes (una de las primeras que hubo en Sinaloa y en nuestro país), ya que en el poder actualmente se ubica la tercera generación de narcos, la cual está operando en la mayor parte de la República, ahora aliado con otros carteles.

Pero en su discurso, se dio el lujo de hablar de las Constituciones, aplicándolas a su conveniencia, como fueron las de 1824, Constitución Política de la Monarquía Española; la de 1857, Constitución Federal de los Estados Unidos Mexicanos; y la de 1917, la más manoseada y manipulada en parte del siglo XX y lo que va del XXI y que ahora pretende manejar para permanecer en el poder sea en palacio Nacional o en su rancho.

Y menos mal que no se refirió a otras Constituciones, como “La Pepa”, así apodada la de Cádiz, por coincidir con el día de San José (19 de marzo) de 1812.

Sin embargo, aludió al periodo neoliberal o neoporfirista, de 1983 a 2018, al asegurar que “toda la vida pública de México estuvo controlada por una minoría ambiciosa y rapaz. México era un país de unos cuantos y para ellos el pueblo no existía”.

Y nosotros preguntamos: ¿hoy no es así?

La respuesta de los mexicanos a esta interrogante seguramente es “¡claro que sí!”. Las pruebas son todos aquellos caprichos palaciegos que tienen endeudado al país hasta la coronilla y destruida buena parte de la nación y de sus instituciones, sobre todo en materia de salud, de seguridad y ambientalmente.

Este día, nuestro “castigo sexenal” como tantos otros, utilizó las palabras de los héroes, como José María Morelos y Pavón, para sustentar sus arbitrariedades propuestas como fin de un nefasto mandato en el cual se dispararon las mentiras, la corrupción y el autoritarismo.

Y tras las necedades o frente a las mismas está la intención de permanecer en el poder, al obstaculizar mediante varios artículos constitucionales (en caso de ser reformados), que las normas que lo impedían dejen de existir.

El gran ego, por cierto, se hinchó a lo máximo al señalar:

“Gracias a nuestra Constitución de 1917 hemos podido emprender esta hazaña nacional en forma pacífica y democrática, y ahora es justo y necesario, como nuestra aportación a la historia y a las nuevas generaciones, que le devolvamos toda su dignidad, su humanismo y su grandeza”.

Pero como gritaron en su momento los españoles en la Primera Guerra Mundial al defender Madrid: “¡No pasarán!”.

Hoy, al defender a México de la autocracia en marcha, los mexicanos imprecan sobre varias de las 20 propuestas para reformar la Constitución y beneficiar a Morena, con el: “¡No pasarán!”

Sí, por lo menos seis u ocho de las 20 propuestas presidenciales de reformas constitucionales “¡No pasarán!”

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